MEDITACION

En este momento estoy convencida de
que meditar es la actividad más necesaria de todas las que se pueden realizar
en la vida. Y lo digo a pesar de que solo llevo tres años haciéndolo. Y a pesar
de que sé que me dejo actividades como comer o el sexo, que parecen
imprescindibles…
Cuando meditamos paramos el mundo y nos colgamos del
infinito. Meditar es crear un espacio
de autoencuentro y silencio.
¿Cómo se hace? No soy ninguna
experta. Solo puedo hablar de mi experiencia. Hay miles de páginas en Internet,
videos y libros sobre el tema. Yo he aprendido de varias fuentes distintas: el
mindfulness, cursos de meditación Zen, cursos de Vipasana, el yoga nidra… y he
hecho mi propia elaboración.
La postura es importante. No porque haya que adoptar una postura
concreta. Es importante porque tiene que ser estable, tenemos que tener la
espalda alineada y sobretodo tenemos que estar cómodos. Se puede meditar
tumbado, sentado en una silla y hasta de pie. Hay meditaciones en movimiento. De
hecho, una vez que se adquiere el hábito, se tiende a convertir en meditación
actividades cotidianas, como la ducha o la preparación de la comida. Se trata
solo de hacer las cosas con plena consciencia, aquí y ahora, en el momento
presente, reconociendo en el agua que cae por nuestro cuerpo, o en la cebolla
que nos hace llorar al cortarla, la presencia mágica de todo lo que nos rodea.
Agradeciéndoles que estén ahí con su energía de limpieza o de alimentación.
La postura de la foto es la
favorita de muchos meditadores. Es la llamada “posición de loto”. Miles de años de experiencia la avalan. Una vez
sentados, y tomada la decisión de dedicarnos un tiempo, es muy útil al
principio concentrarse en un objeto de
meditación. Lo más práctico al principio es usar la respiración. Observar nuestra respiración: el aire entra por las
fosas nasales enfriando su recorrido, dejamos el aire un instante suspendido en
nuestro interior, y lo dejamos salir lentamente sintiendo el calor de su
salida.
Habría mucho que decir sobre la
respiración. Existen muchas técnicas que tienen muchos efectos diferentes. Se
pueden solucionar muchos problemas “simplemente” aprendiendo a respirar.
Así que estamos sentados
respirando. La clave es observar. Llegarán
pensamientos y sin querer nos engancharemos a ellos. No importa, los dejamos
pasar y volvemos al silencio. Sin enfado, sin juicio, hay que volver a la
observación. Los pensamientos serán como troncos que pasan flotando en un río,
o como las nubes deslizándose por el cielo de nuestra mente. Los miraremos
desde enfrente sin dejar que nos impliquen.
¿Por qué todo esto? Porque solo en nuestro interior podemos encontrar
la paz que falta en el exterior. Porque lo interno es el origen de lo externo,
y si creamos paz dentro proyectaremos paz fuera. Porque nuestra mente también
necesita descanso, aunque no lo sepa. Porque algo dentro de nosotros reclama
desesperadamente que le prestemos atención.
No pretendo convencer a nadie. No hace
falta. Pero si lo que te he contado te atrae, ten en cuenta que este camino no
tiene retorno: una vez que uno empieza ya no vuelve atrás. Y el límite es el
infinito.
Saludos y hasta el próximo post.
PD. Podría mencionar muchos libros,
pero es absurdo. Cada uno que siga su intuición. Sin embargo hay uno que me
parece muy divertido y una gran idea para iniciar a los niños: “Quietos y
atentos como una rana”, de Eline Snel.