ALIMENTACION CONSCIENTE


Nuestro cuerpo físico es una
máquina perfecta. Es un sistema abierto que se relaciona continuamente con su
entorno, hacia fuera, y con los otros cuerpos que también somos (simplificando
mucho serían el cuerpo mental y el cuerpo emocional), hacia dentro. Esa
interrelación constante y dinámica nos modela y nos hace ser cada día lo que
somos. Nos hace estar en equilibrio permanente entre lo que llamamos salud y lo
que llamamos enfermedad.

¿De qué nos alimentamos?

Todo lo que entra en nosotros, todo
lo que forma parte de nosotros nos alimenta. Estamos sometidos continuamente a
un bombardeo de tóxicos que entran en nuestro sistema de la mañana a la noche.
Unas veces podemos evitarlo y otras veces no (por ejemplo, a veces solo hay que
apagar la TV).
Pero siempre tenemos que saberlo. Hacer “consciente” la alimentación es un modo
de ponerla bajo el control de nuestra voluntad.

Nos alimentamos de muchas cosas: de
nuestras creencias y convicciones,
de nuestras emociones, de nuestras elaboraciones mentales, de aire, de agua, de comida
(incluyendo aquí mucha basura que nos venden como si fuera alimento), de los desechos que genera nuestro organismo
cuando están con nosotros más tiempo del debido (como en los casos de
estreñimiento)… y de muchas cosas más que seguramente se me quedan en el
tintero.

Somos lo que comemos (y viceversa).
Pero también cómo lo comemos. Y esto no solo se refiere a la forma externa: ya
sabemos que comer deprisa, masticando apenas, sin saborear y simplemente
engullendo la comida nos conduce a meteorismo, malas digestiones, hinchazón
abdominal y en resumen “todo me sienta mal”. Además, es que el mismo helado de
chocolate tiene un efecto muy diferente si lo tomo sintiéndome extremadamente
culpable como una especie de autoagresión, o si lo tomo para concederme un
momento de placer que me merezco y soy consciente de que es algo extraordinario
que puedo compensar con una dieta sana al día siguiente.

Nuestra relación con la comida

Nuestras creencias marcan nuestra
vida. Todo lo que pensamos y sentimos sobre lo que nos rodea crea nuestra
realidad. Nuestras creencias se expresan en palabras, sentencias a veces muy radicales
que no somos conscientes de hasta qué punto nos condicionan.

Con bastante frecuencia me dicen
los pacientes en la consulta: “todo lo que como me sienta mal”. Esta frase es
demoledora. El paciente la siente como verdad, y por eso la expresa así, pero
si lo analizamos un poco, es evidente que: 1. Es imposible que “todo” le siente
mal, porque entonces habría muerto de inanición, y 2. “Me sienta mal” es una
valoración extremadamente subjetiva que requiere muchas puntualizaciones.

La comida se utiliza muchas veces
para compensar carencias emocionales y afectivas. Eso es causa principal de la
epidemia de obesidad del llamado “primer mundo”. Desde pequeños aprendemos que
el azúcar (las “chuches”) y los conservantes y saborizantes (los “snacks”)
sirven para compensar nuestra frustración por no poder obtener otras cosas que
queremos. El primer paso para alimentarse de forma consciente es bien simple: comer solo cuando se tiene hambre.
Cuando el cuerpo necesita físicamente alimento, no cuando estamos cansados,
deprimidos, ansiosos o simplemente aburridos.

Cada época de la vida, cada momento
de nuestra evolución, y hasta cada día necesita una alimentación diferente.
Parece que entonces es todo muy complicado, pero no es así. Estamos perfectamente capacitados para
saber lo que necesitamos
, basta con que nos prestemos un poco de atención.
Y con que tomemos la decisión de hacer cambios.

Simplicidad y la
Madre Tierra

En lo que se refiere a la
alimentación, lo más simple es lo mejor.
Esto significa: lo menos elaborado, lo menos precocinado, lo menos pretratado y
lo más cercano a la tierra.

Así que, malas noticias: hay que cocinar. Hay que dedicarle un
tiempo (preferiblemente un tiempo amoroso) a la preparación de esos alimentos.
Hay que evitar en la medida de lo posible comer “de lata”, “de sobre” y de
“comida rápida”. Hay que priorizar las ensaladas y las verduras. Hay que ir a
hacer la compra más de una vez a la semana. Hay que “tener tiempo”.

Pero también, buenas noticias:
vivimos en un planeta maravilloso que nos perdona cada día lo mucho que lo
maltratamos. Que sigue concediéndonos el privilegio de la vida en forma de
aire, de agua, de espléndidos frutos de la tierra… No es demasiado difícil cultivar algo: en un trocito de tierra,
en una maceta, en una terraza… Y es muy reconfortante comer luego ese regalo de
la vida.

 

Saludos y hasta el próximo post.



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