DESAPRENDER

Uno de los recuerdos más entrañables que tengo de mi
juventud es una escena que se repitió con frecuencia durante toda mi carrera: mientras
yo estudiaba en mi mesa, mi chico estaba sentado a mi lado. A veces se aburría
y se iba a charlar un rato con mis padres. Yo era consciente de que podía estar
en cualquier otro sitio (más interesante, y seguro que más divertido), pero
estaba a mi lado.

Así que aprendí mucho. Aprendí las asignaturas de la carrera
de Medicina (qué remedio, había que pasar los exámenes). Lo cierto es que me
encantaba aprender. Creía (y sigo creyendo) que poder aprender es un
privilegio. También aprendí mucho de una relación maravillosa, llena de ternura
y de una extraordinaria complicidad.

Y llegó el momento de desaprender…

Todo lo que aprendemos, sea Anatomía Humana, Matemáticas o
las comidas favoritas de nuestra pareja, construye y modela nuestro cerebro. Los
humanos somos adictos a adquirir hábitos y nos cuesta mucho abandonarlos. En
realidad, solo podemos abandonarlos sustituyéndolos por unos nuevos. Nos
habituamos a personas, a cosas, a creencias, a manías, a estructuras mentales
que nos condicionan, a veces nos limitan, a veces nos hacen crecer por un
tiempo, pero siempre nos aprisionan.

El momento de desaprender puede ser muy duro. Cuando llegó
la ruptura de aquella relación que abarcaba todo mi mundo emocional (habíamos
crecido tanto juntos…), sentí que el armario en el que había organizado mi vida
desaparecía. Y de repente, todas las cosas que con tanto cuidado había
depositado en cada cajón, caían al suelo estrepitosamente. ¿Qué podía hacer con
todo aquello? De repente, no tenía ni ánimo ni fuerzas para recoger todo y
volver a ordenarlo.


“AND THE LIGHT” – SUPERTRAMP

https://www.youtube.com/watch?v=hio0oMGAVJ8

Sin embargo, ese era el momento en que el crecimiento me planteaba
su mayor reto. Durante un tiempo, me sentí como si hasta físicamente me faltara
algo. Había pasado tanto tiempo caminando siempre abrazada a alguien que hasta
mantener el equilibrio me parecía difícil. Pero nunca se cierra una puerta sin
que se abra una ventana. Y tras una etapa de recogimiento interior, de búsqueda
de “refugio interno”, renací como el ave fénix.

Desde hace un tiempo me he dado cuenta de que todo lo demás
también necesita ser desaprendido. Creo que la madurez consiste en ir
aprendiendo a dudar de todo. Una duda saludable que nos haga cuestionarnos todo
lo que nos quieren hacer tragar con el fin de hacernos obedientes y
manipulables.

“Basta un cuervo blanco, para
demostrar que no todos los cuervos son negros”

Puede que la vida consista en aprender para poder
desaprender. Cada vez que nos liberamos de una estructura mental condicionante,
abrimos un increíble abanico de posibilidades. El desaprendizaje es tan
importante como el aprendizaje, y además tiene el poder de facilitar momentos
de “silencio mental”: cada vez que la mente no entiende algo, “se descoloca” y
eso nos permite acercamientos a partes de nosotros que normalmente no nos son
accesibles. Eso es la meditación.

Sigo pensando que aprender es un privilegio. Nunca dejo de
hacerlo. Pero al mismo tiempo, y formando parte del mismo proceso, voy
desaprendiendo lo aprendido. Nada es cierto del todo y todo lo es en cierto
modo. Poner algo de distancia entre los conceptos y nosotros introduce luz en
nuestras vidas, en nuestra visión del mundo y de la realidad.  

Saludos. Hasta el próximo post.

Dedico este post a JC con un enorme GRACIAS. El tiempo que
pasamos juntos no pudo ser más hermoso. Lo que aprendí con nuestra separación
tampoco pudo ser más decisivo en la construcción de lo que soy.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

86 − = 85