La muerte como consejera
“La muerte es nuestra eterna compañera – dijo don Juan con un aire sumamente serio -. Siempre está a nuestra izquierda, a la distancia de un brazo…”
“¿Cómo puede uno darse tanta importancia sabiendo que la muerte nos está acechando?”
“Cuando estés impaciente – prosiguió -, lo que debes hacer es voltear a la izquierda y pedir consejo a tu muerte. Una inmensa cantidad de mezquindad se pierde con solo que tu muerte te haga un gesto, o alcances a echarle un vistazo, o nada más con que tengas la sensación de que tu compañera está allá vigilándote.”
“Cada vez que sientas, como siempre lo haces, que todo te está saliendo mal y que estás a punto de ser aniquilado, vuélvete hacia tu muerte y pregúntale si es cierto. Tu muerte te dirá que te equivocas, que nada importa en realidad más que su toque. Tu muerte te dirá: “Todavía no te he tocado”
VIAJE A ITXLAN – Carlos Castaneda

La mayoría de las personas (sobre todo en Occidente) vive de espaldas a su muerte, sin pensar en ella, o aterrorizada por ella. Sin embargo, la muerte es lo único que sabemos seguro que nos va a pasar. Los registros históricos de personas que no hayan muerto son inexistentes (o al menos muy excepcionales).
Puesto que sabemos que va a ocurrir con certeza absoluta, ¿no sería mucho más lógico prepararnos para ella? Y puesto que no sabemos cuándo va a ocurrir, ¿no tendría mucho sentido prepararnos cada día?
“La muerte como consejera” viene a ser el “Memento mori” de los antiguos romanos. Cuando un general desfilaba victorioso por las calles de Roma, un esclavo detrás de él se encargaba de recordarle su muerte para evitar que incurriese en la soberbia: “¡Mira tras de ti! Recuerda que eres un hombre”.
“Una inmensa cantidad de mezquindad se pierde solo con que tu muerte te haga un gesto…”
El sueño es una especie de simulacro de la muerte. Desconectamos la vigilia y entramos en un estado muy interesante de inconsciencia y “recapitulación” mental y emocional. Cada noche tenemos una nueva oportunidad de “practicar” o de hacer un pequeño “ensayo” de muerte. ¿Cómo?
- Primero, repasando en un par de minutos todo lo que hemos hecho en el día y valorando las repercusiones de nuestros actos.
- Segundo, practicando un par de minutos de “no hacer” (ver el post anterior)
- Y tercero, soltando amorosamente todo lo que nos ata a esta existencia para sentirnos “flotando en el vacío” antes de caer en brazos de Morfeo
Es imposible que pueda enfadarme con alguien que quiero si por un segundo soy capaz de imaginar su muerte. Es imposible que pueda vanagloriarme de nada si cada día soy consciente en alguna medida, de que voy a morir. Así que tener a la muerte por consejera es un antídoto contra muchas de las cosas que nos hacen ser infelices. Es un gran antídoto para trabajar contra la “importancia personal”.
Así que solo tiene ventajas: tanto en el día a día como cara al futuro (si es que existe algo así). Es absurdo pasar toda la vida acercándonos a la muerte y no pensar en ella. En vez de tenerle miedo (el miedo es una emoción dañina y paralizante, generadora de mucha patología), propongo sentirla como algo que forma parte de la vida. Como un tránsito que todos vamos a vivir y para el que debemos prepararnos, sin miedo, sin angustia, con consciencia y libremente.
Dedico esta entrada a mi padre, en este día de su cumpleaños, esté donde esté.
Saludos. Hasta el próximo post.
Muy interesante el artículo.
Siempre me ha dado mucho miedo la muerte. Y sí, sé que va a llegar, pero prefiero no pensar en ella, a pesar de que a veces me vienen negros pensamientos de que gente que quiero muere.
Creo que me va a ayudar mucho la frase que dices. «Es imposible que pueda enfadarme con alguien que quiero si por un segundo soy capaz de imaginar su muerte» Porque mil veces, pequeñas contrariedades hacen que me enfade mucho.
De ahí a prepararme para mi muerte o la de mis seres queridos va mucho trecho. Será cuestión de practicar como aconsejas.