NO HACER

“Señaló un arbusto grande y me dijo que fijara mi atención, no en las hojas, sino en las sombras de las hojas… Repitió una y otra vez, susurrando en mi oído derecho, que “no hacer lo que yo sabía hacer” era la clave del poder. En el caso de mirar un árbol, lo que yo sabía hacer era enfocar inmediatamente el follaje. Nunca me preocupaban las sombras de las hojas ni los espacios entre las hojas. Sus recomendaciones finales fueron que empezara a enfocar las sombras de las hojas de una sola rama para luego, sin prisas, recorrer todo el árbol, y que no dejara a mis ojos volver a las hojas, porque el primer paso deliberado para juntar poder personal era permitir al cuerpo “no hacer”

VIAJE A ITXLAN – Carlos Castaneda

¿Qué constituye la razón de ser de una taza? El espacio vacío de su interior. Ese espacio es lo que hace que la taza sea capaz de contener cualquier cosa. Es lo que da sentido a su existencia. Es decir, el sentido de la taza empieza donde acaba la materia de la taza, o la taza propiamente dicha.

Lo que nos hace únicos es el espacio que nos separa de los demás. En cierto modo esto es una humilde reflexión sobre cómo trascender la dualidad. Nada es del todo bueno o del todo malo. Nada es del todo blanco o del todo negro. Las personas que no me gustan pueden estar asumiendo la misión de mostrarme aspectos de mí misma que debo superar, sobre los que debo trabajar. La existencia entera es un aprendizaje.

Don Juan le habla a Carlos Castaneda sobre observar “la sombra de las hojas”. No hay nada de absurdo en esa recomendación: cuando me concentro en algo tan sutil, de alguna forma obligo a mi cerebro a estar atento a eso, y no al resto de las cosas que continuamente tenemos en la cabeza. Es un ejercicio de atención, y además es un “no hacer”.

La mayoría de las personas solo entendemos nuestra vida en función de lo que hacemos. Todo el tiempo hacemos. Afortunadamente, el sueño nos rescata durante un número de horas cada día de esa actividad frenética. En realidad, aunque no hagamos, siempre estamos “pensando en hacer”. ¿Por qué tiene tanto sentido parar de hacer?

En primer lugar, porque rompe la rutina. Un cerebro que siempre sigue las mismas pautas no crea nuevos circuitos neuronales, no se desarrolla, no imagina, no inventa. Tampoco resuelve problemas porque intenta hacerlo desde los patrones que los han originado. “Parar el mundo” con un “no hacer” abre la puerta a versiones de nosotros mismos que ni siquiera podemos imaginar.

También porque la hiperactividad del hacer no permite que conozcamos a nadie, y menos que nos conozcamos a nosotros mismos. No hay tiempo para eso. Eso requiere: 1º Capacidad de observación y de escucha, y 2º Cierto grado de empatía. Es decir, ausencia de juicio y un cierto grado de capacidad de trascender la dualidad.

El mundo no es como es sino como lo hacemos. O como dejamos que nos lo hagan, porque no sabemos que la fabricación del mundo está en marcha, o porque “no tenemos tiempo” de prestar atención a “esas cosas”.  

Dedicado a la familia más maravillosa que existe en el mundo: la mía. Gracias por existir.

Saludos. Hasta el próximo post.

2 response to "NO HACER"

  1. By: Rocío Manzano Posted: febrero 22, 2023

    Quizá tenga sentido eso de parar de hacer. Siempre estamos acelerados, pero no estoy de acuerdo en que la hiperactividad no permite conocerni a la gente ni a nosotros mismos. Sepuede ser muy activo y observar y escuchar también.
    Meconsidero hiperactiva y sé que esto se corrige con meditación, yoga y otras técnicas. Soy incapazde aplicarlas. Para mí, lo mejor es soltar energía.
    Un saludo!
    Ah! ¡Y mi familia también es maravillosa!

  2. By: Carmen Posted: junio 17, 2023

    Justo ayer escribía sobre esto, que tu realidad depende de tu prisma y cómo eso repercute en cada una de tus células, porque te arrastra. Es interesante, apasionante y a la vez duro, hacerte cargo y consciente a la vez de que la calidad de tu existencia depende más de lo que has trabajado en tu interior que de todo lo que te venga de fuera, es un ejercicio de respeto hacia ti mismo, pero a la vez supone mucha responsabilidad/inseguridad quitar la posibilidad de poder culpar a alguien/algo para hacerles cargo de nuestras desgracias.

    El otro tema, el no hacer, tan ligado a lo anterior y tan lejano en la actualidad, es difícil parar en una sociedad en la que todo es para ayer, en la que cuanto más tienes más eres y cuanto más lo puedas enseñar mucho mejor para que a todo el mundo pueda admirarte. Así es difícil poder parar a conocerte, a entender por qué tienes esa necesidad de ser reconocido o aceptado, o mejor aún, tomar conciencia de cuánto te dura el pico de dopamina de tu última adquisición (cada vez menos y cada vez necesitas más). Somos seres que vivimos en una sociedad muy desarrollada en muy poco tiempo (evolutivo) con unos instintos muy primarios -la aceptación tribal, el estatus- que aseguraban nuestra supervivencia hace más de 10.000 años pero separándonos de todo lo que nos reconecta con la tierra y para lo que nuestro cuerpo está preparado ¿qué nos queda de la esencia del ser humano en la sociedad actual?

    Genial el post. ¡Muchas gracias!

    Carmen Ortiz

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