SOLTAR
Una abrumadora mayoría de los pacientes que llegan a la
consulta reconocen abiertamente la gran importancia que tiene el estrés
(mencionado como tal, o bien como ansiedad, o como “nervios”) en la génesis de
sus problemas médicos.
Esta relación entre conflicto psicológico y enfermedad o síntomas
de enfermedad no es reconocida por la “medicina oficial”, pero todos los
médicos en ejercicio sabemos que es real, a poco que escuchemos algo a nuestros
pacientes. Actualmente hay muchas líneas de investigación y de trabajo nuevas
en medicina que tienden a reconocer y analizar esta relación, y también a
aplicar formas nuevas de resolver los conflictos o las enfermedades. Una de las
más conocidas es la llamada “nueva medicina germánica” propugnada por el Dr. R.
G. Hamer.
Enlace:
https://www.pasadofuturo.com/nmg-video.htm

No vamos a dedicar este blog
a explicar estas nuevas tendencias. Existe abundante información en Internet
para los interesados. Lo anterior solo es una pequeña introducción para que se
entienda la relación que tiene lo que viene ahora con la salud.
¿Qué significa SOLTAR?
Se trata de una actitud: no me quedo con el conflicto, no
dejo que me afecte. Lo observo, lo relativizo, lo alejo de mí.
El problema no es lo que pasa sino cómo me afecta. Todo lo
externo es mi creación, así que ocurre para que yo aprenda algo. Las cosas solo
me pueden dañar (y también al contrario) en la medida en que yo deje que eso
ocurra.
Si soy consciente de esto durante todo el día, cada día,
poco a poco me voy construyendo un espíritu más equilibrado, más armónico, más
independiente de lo externo y más libre.
“No te tomes nada personalmente”
M. Ruiz “Los cuatro
acuerdos”
http://ciscoboys.jimdo.com/2012/02/13/los-cuatro-acuerdos-completo-pdf-descarga/
Pero esto es fácil
decirlo, pero muy difícil hacerlo…
Bueno, esto como todo es fácil o difícil dependiendo de
muchos factores. Constituye un aprendizaje muy importante, que determina
nuestra forma de afrontar los inconvenientes o de “gestionar el conflicto”. Y
se puede aprender, solo es una cuestión de práctica y de voluntad.
Por otra parte, como es un aprendizaje que nos hace mucho
bien en este mundo de caos, una vez que iniciamos el camino algo dentro de
nosotros nos impulsa a no abandonar.
¿Y qué hacemos con la mente, que siempre tiende a
complicarlo todo?
Hay que pactar con ella, hay que dejarle su espacio, pero no
hay que dejar que nos manipule. Hay que establecer espacios de silencio y de
autoencuentro.
¿Cómo se hace? Una
práctica cotidiana de desapego
Voy a poner un ejemplo práctico muy simple:
Me despierto a las 6
de la mañana. Hora de ir a trabajar. Hace frío y llueve. No me apetece nada
salir de la cama y además hoy me espera un día muy complicado en el trabajo…
Tengo dos opciones:
–
Levantarme asqueada, maldiciendo mi mala suerte,
enfadada con el clima y con mi trabajo, deseando que pase el día lo antes
posible para poder volver a casa…
–
Cerrar los ojos dos minutos. Reconocerme aquí y ahora.
Darme cuenta de lo maravilloso que es estar sana y tener trabajo. Admitir que
la lluvia es un regalo para la tierra y para todos nosotros. Decidir que nadie
podrá estropearme el magnífico día que tengo por delante. Prepararme a recibir
todo el aprendizaje que traiga, la magia y el encanto de cada encuentro con
cada persona. SOLTAR LA PEREZA Y LA RUTINA.
He decidido seguir la primera
opción, así que salgo de casa de bastante mala gana, pensando que hace un día
horrible. En un semáforo, justo antes de llegar al trabajo, un conductor
despistado me golpea el coche por detrás…
Vuelvo a tener dos opciones:
–
Salir del coche muy enfadada, gritándole al otro
conductor, que es un estúpido que me está haciendo perder el tiempo y mojarme
(recordemos que llueve), e imaginándome cuántas más cosas horribles tendré que
soportar hoy antes de poder volver a casa…
–
Respirar hondo antes de salir del coche. Salir
sonriente con los papeles que hay que rellenar. Mirar al otro conductor, que se
siente fatal por lo ocurrido, y decirle que no pasa nada, que esto le puede
pasar a cualquiera. Preguntarle si está bien. Pensar que puede que haya
derrapado porque el suelo está mojado. Pensar que afortunadamente no me ha
pasado nada y lo del coche solo es de chapa. SOLTAR LA IRA.
Llego al trabajo. Mi
jefe tampoco tiene un gran día y me lo demuestra con un reproche sobre una
actuación que yo consideraba adecuada. No me gusta lo que dice, y menos aún
cómo lo dice. Me siento muy dolida y además no entiendo sus argumentos…
En este caso la primera opción sería directamente discutir
con él, y acabar teniendo que aguantarme porque es el jefe. O no discutir y
simplemente “aguantar el chorreo” quedándome con un sentimiento de impotencia y
de rabia que se acantonará en mi interior y acabará generando algún problema
físico.
Pero hay otra opción posible…
Le dejo hablar. Escucho su explicación. Pongo distancia con
respecto a lo que me hace sentir. Para ello, me “separo de la escena”. Observo
la escena “desde fuera” como si no fuera conmigo.
Si es posible, me tomo unos minutos para “digerirlo”: intento
ponerme en su lugar, intento entender sus motivaciones, me hago cargo de lo que
le empuja a decirme esto. Puede que tenga algo de razón, aunque tal vez no haya
elegido la mejor manera de comunicarlo. Me planteo que no conozco la
problemática personal de esta persona. Puede que esté viviendo un momento
complicado, o una enfermedad, o puede que su carácter sea el resultado de su
incapacidad para gestionar de otro modo sus frustraciones… En cualquier caso,
me doy cuenta de que sólo puede afectarme lo que yo dejo que me afecte. SOLTAR LA RABIA. EMPATIZAR.
Y me doy cuenta de que todos los inconvenientes que vienen a
mi vida vienen para algo. ¿Qué tengo que aprender de esta conversación? ¿Qué
tengo que aprender de lo que me trae hoy mi jefe?… Una vez que comprendo,
siento cómo la rabia se diluye dentro de mí. Poco a poco, la energía oscura se
transforma en luminosa. En energía de agradecimiento y de armonía.
Si las circunstancias son apropiadas, le hago partícipe de
mi reflexión. Y le agradezco. Eso hace que paulatinamente se transforme mi
entorno. A medida que yo cambio, cambia mi realidad.
Últimamente varias personas se han acercado a mí solicitando
consejo por estar viviendo situaciones difíciles que les afectan muy
personalmente. Este post está especialmente dedicado a todas ellas.
Saludos y hasta el próximo post.
Es satisfactorio y gratificante encontrar a profesionales de la medicina como la Dra. Elena Ortiz Oshiro que se instalan más en la sanación del paciente que solo en su curación.
Gracias.
¡Qué estupendos ejemplos y sabias palabras!
Ojalá pueda ponerlo en práctica. Mejor dicho, seguro que lo pongo en práctica y seré mucho más feliz