LA MAGIA NUESTRA DE CADA DIA

Abro los ojos por la mañana. Me dejo sorprender por el
milagro de la luz que llega cada día, abriéndose camino desde la oscuridad.
Siento mi cuerpo, lo reconozco, le agradezco que me sostenga un día más. Le
dedico un minuto de atención que probablemente ya no volverá a tener el resto
del día.
Estamos tan habituados a nuestros lujos que no les damos
valor. Es un lujo abrir el grifo y que salga agua… ¡incluso caliente! Es un
lujo tocar la pared y que se haga la luz. Es un lujo poder dormir cada noche en
una cama limpia y acogedora. Hay muchas personas en el mundo que no tienen
acceso a estas comodidades que nosotros consideramos cotidianas, y hasta
imprescindibles.
Por eso hemos perdido la capacidad de asombro, que es el
primer paso para llenar nuestra vida de magia. Se trata de volver la mirada
hacia nuestro “niño interior”, ese que se sorprende por todo lo nuevo. Ese que
no espera nada, y es feliz en el “aquí y ahora”. Cuando “ya sabemos lo que va a
pasar” estamos proyectando creencias en el futuro, y estamos impidiendo que nos
sorprenda. Estamos renunciando a la magia.
¿Qué es magia?
“Siempre que quiero aprender o entender algo, dejo mi así llamada razón
en casa y le doy a la cosa que trato de entender la credibilidad que ella
necesita”.
“Magia es precisamente todo lo
que no se entiende”.
“La magia no se puede comprender… la magia es lo conforme a lo irracional
que no se puede comprender. El mundo no es solo conforme a la razón, sino
también conforme a lo irracional”.
“El Libro Rojo” C. G. Jung
Incertidumbre y caos. Eso es la magia. Dejar espacio a lo
que no es mental, racional, esperable. Admitir que no somos solo mente y
dejarnos SER. Darnos permiso para manifestar esa parte oculta que muchas veces
clama por salir, que está guardada en los cajones de nuestra inconsciencia y
muchas veces acaba por generar enfermedad…
La mirada interior como terapia. El SER lo necesita tanto
que cuando por fin le prestamos atención nos devuelve una sensación de
plenitud, de equilibrio, de armonía, tan potente y tan desconocida que ya nunca
más podemos renunciar a ella. Y entonces la magia se va adueñando poco a poco
de nuestra vida. Es un camino sin retorno. Aprender a “parar el mundo” implica
que cada vez necesitamos más espacios de silencio y de autoencuentro. Y también
implica que el Universo nos habla cada vez más claro, en su lenguaje rotundo y
mágico.
Usemos la imaginación, nuestra herramienta más valiosa, para
abrazar al niño que llevamos dentro y devolverle su espacio. Juguemos con él.
Pidámosle perdón por haberle olvidado durante tanto tiempo. Abramos las puertas
del misterio en nuestra vida.
Saludos y hasta el próximo post.
Dedicado a Verónica
Mesa, mi compañera de tambor, y a Mª Jesús Peña, mi compañera de pupitre.
Gracias a las dos por vuestra luz.
PD. Si alguien no ha visto la película de JL Cuerda, le
animo a que la vea.