AUTOFAGIA Y AYUNO

El Premio Nobel de Medicina de 2016 fue concedido al biólogo
celular Yoshinori Ohsumi. Su descubrimiento se refiere al mecanismo de la
llamada “autofagia celular”. Se trata del sistema de limpieza que tienen
nuestras células.

Las células son capaces de digerir orgánulos defectuosos o
dañados (como las mitocondrias). Para ello, fusionan dichos orgánulos con
estructuras llamadas lisosomas, que contienen enzimas capaces de degradarlos y
reducirlos a proteínas que se pueden “reciclar”. Es un sistema eficaz de
autolimpieza.

Ohsumi, a través de experimentos con levaduras, descubrió
los genes necesarios para que se produzca este mecanismo, y también el papel de
las proteínas en el mismo. Cuando la autofagia no funciona, se acumulan en las
células restos de proteínas que contribuyen a la aparición de enfermedades con
diabetes, Parkinson o Alzheimer. Enfermedades “degenerativas”. Por otra parte,
mediante el reciclaje, el cuerpo se mantiene joven y aumenta la longevidad.

La situación productora de autofagia más conocida es el
ayuno.

El ser humano en la actualidad no se comporta en absoluto de
acuerdo a su biología. Gran parte de las enfermedades del mundo civilizado se
deben a que comemos todo el tiempo. Comer (cosas teóricamente comestibles, que
no nutrientes reales) “a las horas de comer” y también fuera de las horas de
comer, ocupa gran parte del tiempo de la mayoría de las personas, incluso sin
darnos cuenta. Se realizan reuniones de trabajo y reuniones familiares comiendo,
se festeja comiendo, se ve la TV comiendo, se come en el cine y en los
acontecimientos deportivos o musicales que aglutinan a muchas personas… Comemos
continuamente, casi como algo “cultural”. Sin embargo, nuestro diseño biológico
relaciona la ingesta con periodos de “desprotección”.

Veámoslo así: una cebra en la sabana, mientras está comiendo
está expuesta al ataque de un depredador. De hecho, esta es una razón
fundamental de que los animales vivan en manadas. Por otra parte, no siempre
hay alimento disponible. Los periodos de ayuno entre comidas, son periodos en
los que el cuerpo entra en “modo supervivencia”, y activa los mecanismos de
alerta y protección inmunológica. Obviamente, no quiero decir que sea bueno
estar siempre muerto de hambre.

Lo que quiero decir es que en mi opinión debemos
replantearnos en general nuestra relación con la comida. Tanto en cantidad como
en calidad. Aprender a interpretar las señales de nuestro cuerpo, y distinguir
los instintos “naturales” (por ejemplo, dejar de comer cuando uno está enfermo.
Todos los que vivimos con un perro sabemos que ellos lo hacen) de los hábitos
aprendidos desde nuestra infancia (la adicción al azúcar, por ejemplo. ¿Cuántas
veces “callamos” a nuestros niños con “chuches”? ¿Qué esperamos que hagan
cuando sean adultos?). Pactar con nuestro cuerpo, ejercitar el músculo de la
voluntad, salir de la zona de confort planteándonos retos personales que hagan
más interesante el transcurso de cada día.

He recomendado a algunos de mis pacientes algo que yo
procuro hacer desde hace un tiempo: un día de ayuno semanal. No sirve tanto
para perder peso como para establecer un modo diferente de relación con la
comida. Algo así como demostrarse a uno mismo que no depende de comer
continuamente. Por otra parte, ejercita la voluntad y la paciencia, y se
descubre que el día tiene mucho más tiempo disponible del que suele tener, sin
condicionamientos horarios. Tengo que decir, sin embargo, que esta es una
recomendación muy puntual y que me parece mucho más importante llevar una
alimentación sana y saludable, tan alcalina como sea posible y apetecible para
que sea sostenible.

Saludos.
Hasta el próximo post.

BIBLIOGRAFÍA

Glick D,
Barth S, MacLeod KF. Autophagy: cellular and molecular mechanisms. J Pathol
2010; 221(1):3-12

Sedwick C.
Yoshinori Ohsumi: autophagy from beginning to end. J Cell Biol
2012;197(2):164-165

Li L, Chen
Y, Gibson SB. Starvation-induced autophagy is regulated by mitochondrial
reactive oxygen species leading to AMPK activation. Cell Sig 2013;25(1):50-65



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