EL BOLI DE LA ABUNDANCIA

Hace más de 20 años, yo era
una joven cirujana y trabajaba en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid.
Tenía un amigo también cirujano que se fue a Estados Unidos tras acabar su
residencia para completar su formación. Mientras estaba allí, el padre de mi
amigo se puso muy enfermo. Tuvo una colecistitis aguda y fue necesario
operarle. Como mi amigo no estaba, yo asumí los preparativos, organicé la
operación, ayudé a mi jefe a operarle, seguí el postoperatorio… y le cuidé
igual que si hubiera sido mi propio padre. El paciente, muy agradecido, me
regaló un precioso bolígrafo de plata con una palabra grabada: “Gracias”.

Ese bolígrafo pasó de la
mesa de mi despacho al armario, cuando se le acabó la tinta. Y ahí permaneció
durante años.

Siempre he tenido una manía que
se podría calificar de “bastante cutre”. Si tenía varios bolígrafos a mi
disposición, para poder escribir, siempre elegía el más viejo, el que menos
tinta tuviera, el que estuviera mordido o sin capucha… una especie de tendencia
a gastar en primer lugar lo menos valioso. Así fue durante años en mi consulta.
Hasta el punto de que una vez un paciente me lo hizo notar, y hasta me regaló
un bolígrafo nuevo.

Cambios recientes en mi vida
me han mostrado que la realidad que proyectamos está antes en nosotros. De
alguna forma, esa tendencia a usar el boli más gastado y menos valioso, era un
intento de mantener la consulta en unos niveles compatibles con el resto de mi
trabajo. No podía crecer mucho porque yo necesitaba dedicarle mucho tiempo a mi
actividad hospitalaria. Eso ha cambiado hace poco, ya que he decidido dejar el hospital
público y ahora desarrollo toda mi actividad en mis consultas y en el Hospital
Ruber.

Por eso un día el bolígrafo
del agradecimiento reapareció. Estaba buscando otra cosa en el armario de mi
despacho y ahí estaba. Decidí limpiarlo, comprarle cartuchos nuevos y empezar a
usarlo en las consultas. Se convirtió en el bolígrafo de la abundancia. Y me
recuerda continuamente que el agradecimiento es la clave de la vida. Agradezco
cada paciente que acude a mi consulta, cada oportunidad de ayudar al prójimo,
cada sesión de cirugía grande o pequeña…

Hace mucho tiempo que el
hijo de aquella persona que me regaló el bolígrafo y yo ya no somos amigos.
Pero esta experiencia me ha hecho recordarle. Quiero dedicarle a su padre este
post. Y quiero darle de todo corazón las GRACIAS porque la energía que puso en
su regalo ha permanecido en él y está trayendo una increíble abundancia a mi
vida.

Saludos. Hasta el próximo
post.



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